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Qué lindo es estar metido
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y vivir pensando en ella,
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y sentir que como un frío
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se nos entra por las venas!
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Qué lindo es estar metido,
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palpitando que ella vuelva,
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y sentir muy despacito
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taconear por la escalera!
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Aún recuerdo aquella noche
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cuando solos en la pieza,
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al mirarme yo en sus ojos
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soñaba la dicha eterna.
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Y asomaba en su carita
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lagrimones como perlas,
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como diciendo: ¡Qué triste!
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¡Qué triste ha de ser la ausencia!...
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¡Qué lindo es estar metido,
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tiradito en la catrera,
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y ver que se va acabando
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aquel cachito de vela!
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¡Qué lindo es estar metido
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y dormir pensando en ella,
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mientras la cera, al quemarse,
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va formando su silueta!